Sindicalismo con perfume de mujer
¿Llegará la marea feminista hasta los sindicatos para empujar un proceso profundo de democratización?, se preguntaba en 2018 la doctora en Ciencias Sociales e investigadora del Conicet Tania Rodríguez. ¿Hasta qué punto en ese momento las mujeres habían logrado permear o transformar las estructuras organizativas de los sindicatos o simplemente esa oleada era una expresión en las movilizaciones? “Ocho años después, el debate sobre la participación de las mujeres y las diversidades en las conducciones gremiales continúa vigente”, señala hoy Rodríguez, en diálogo con Página Gremial.
Entre el Paro Nacional de Mujeres de octubre de 2016 y el 8 de marzo de 2018, las secretarías de género, comisiones, asambleas, pañuelazos de trabajadoras, sindicalistas y sindicalizadas “se multiplicaron y congregaron demandas del campo gremial y experiencias de luchas por la igualdad de género como estrategia de visibilización interior y de ejercicio de poder”, recuerda Tania Rodríguez, politóloga, docente e investigadora del Conicet especializada en el ámbito de las Ciencias Sociales, el género y los estudios del trabajo. Señala que en las movilizaciones se escuchaban las expresiones de mujeres gremialistas: `tenía que llegar nuestro momento´, `es difícil adentro de la organización pero es un tiempo histórico´.
“Si miramos el panorama general, la brecha entre la ley y la práctica sigue casi intacta”, asegura. Si bien reconoce que “hubo cambios”, señala que “la Ley de Cupo Sindical exige un 30 por ciento de mujeres en las conducciones; sin embargo, en 2017 (último informe del Ministerio de Trabajo de la Nación) solamente cuatro de una veintena de gremios cumplían con ese porcentaje”.
Tener que demostrar
En 2018, Rodríguez analizaba: “Cuando la representación en los espacios sindicales es como resultado de políticas afirmativas o cupos, quienes llegan a integrar las listas y cargos se enfrentan al deber de tener que reconfirmar su posición a través de acciones que las legitimen, exigencia que no se manifiesta para con los liderazgos masculinos y que cristaliza en una carga extra: `tener que demostrar que podemos´”.
En la actualidad, si bien discutir sobre la permanencia de los techos de cristal o los pisos pegajosos en estructuras de distintos tamaños es importante, “otras dimensiones de la distribución del poder permanecen intactas en términos de que muchas de estas mujeres que en las últimas décadas han llegado a las conducciones, en ocasiones son ubicadas en secretarías o áreas que están asociadas a tareas de cuidado en términos de gestión y administración que hacen al funcionamiento y a la continuidad del sindicato. Pueden ser secretarias de actas, de género, de acción social: áreas asociadas a `lo femenino´”, considera la investigadora en diálogo con Página Gremial.
Esos espacios a los que acceden en lo sindical “son fundamentales para sostener la comunidad de trabajadores y trabajadoras, pero no son las secretarías de peso. Eso lo podemos identificar como una división sexual del trabajo político: los gremios también reflejan procesos que tienen lugar en el mercado de trabajo”, explica.
Igualmente, desde ese momento “podemos ver muchos cambios y una manifestación de procesos de acumulación de experiencia política por parte de mujeres en los sindicatos que pueden ser alentadores”.
Politicidad de las mujeres en los sindicatos
En el caso de la renovación de autoridades en la CTA Autónoma en todo el país, en la regional Rosario “por primera vez se eligió una conducción ejecutiva integrada por dos mujeres (secretarias general y adjunta), referentas también del sindicalismo feminista, además de sumar otras compañeras mujeres y diversidades al área de género”; además, “en el NEA, en las elecciones de ATE también encabezaron mujeres”.
Rodríguez sostiene que “estas expresiones más institucionales son resultado de procesos de trabajo político de muchos años y marcan que la política feminista, la politicidad de todas estas mujeres en los sindicatos, logró avanzar en este territorio –aún con las dificultades y desafíos que supone el terreno sindical– con una serie de elementos que hacen que las trayectorias de las mujeres sean más intermitentes”.
“Esto también pasa en con las organizaciones políticas, pero conocemos la carga desigual de los cuidados, los valores y las capacidades que se priorizan a la hora de considerar liderazgos propios de un sindicalismo, que muchas veces no tienen que ver con las capacidades y los atributos que las compañeras encarnan y que hacen que la conducción de liderazgos también esté condicionada por ese sesgo de género”.
El sindicalismo de Entre Ríos, con perfume de mujer
En Entre Ríos, diversos sindicatos cuentan con mujeres en su conducción máxima o en roles clave de secretarías generales, coordinadas además a través del Movimiento de Mujeres Sindicalistas Entrerrianas (MMuSE), organización que nuclea a trabajadoras de más de treinta gremios de las tres centrales obreras de la provincia (CGT, CTA de los Trabajadores y CTA Autónoma).
Así, podemos ver que en la provincia va creciendo la conducción general femenina sindical. El Sindicato Entrerriano de Trabajadores de Prensa y Comunicación (Setpyc) es liderado por Silvina Ríos, referente de la Federación Argentina de Trabajadores de Prensa (Fatpren); el Sindicato Único de Trabajadores del Espectáculo Público (Sutep) en la Seccional Concepción del Uruguay, está a cargo de Belén Ratto e históricamente cerca del 50 por ciento de sus seccionales locales ha sido conducido por mujeres; Analía Matas tiene a su cargo la Secretaría General Adjunta de la Asociación Gremial de Docentes Universitarios (AGDU); la Pro-Secretaría Adjunta de la Asociación Trabajadores del Estado (ATE) es llevada a cabo por Mariana Luján; la Secretaría Adjunta de la Unión Personal Civil de la Nación (UPCN) es desempeñada por Carina Domínguez; la Secretaría General Adjunta de la CTA Autónoma provincial está a cargo de Irina Muñoz; entre otras.
La participación de las mujeres en las listas para las elecciones sindicales en Entre Ríos está registrando hitos históricos muy importantes, rompiendo con estructuras tradicionalmente masculinas. El caso más reciente y emblemático ocurre en la Asociación del Personal Legislativo de Entre Ríos (Apler), donde por primera vez en más de tres décadas, dos mujeres encabezan listas contrapuestas para liderar la conducción general del sindicato: Carina Farías y Florencia Busti.
Más allá del cupo: nuevas agendas del sindicalismo
Rodríguez asegura que a la par de estos cambios “hay otros avances particulares, dinámicas más recientes, como la discusión que algunos sindicatos han empezado a tener sobre la posibilidad de impulsar iniciativas de formación destinadas a los propios varones sobre las masculinidades en los ámbitos de trabajo y sindical”.
También destaca las políticas que el sindicalismo feminista viene impulsando para prevenir la violencia laboral y de género en los espacios de participación general, así como aquellas destinadas a resguardar y sostener las trayectorias sindicales de las mujeres que cuidan, entre otras iniciativas que van más allá del cupo.
La investigadora de Conicet señaló que el cupo femenino sindical “es una especie de foto que nos habla de una estructura determinada y un modo de hacer política en particular que es importante, pero no refleja estos procesos. Es necesario abordar esas otras dimensiones”.
Otro elemento a tener en cuenta es lo que sucede en las calles. “Así como los paros internacionales feministas del 8 de marzo se organizan con asambleas previas en las sedes sindicales de cada región o provincia, a lo largo de esta experiencia las consignas feministas no están separadas de la agenda laboral: se marcha contra la precarización, contra la reforma laboral, contra la violencia de género, conectando reclamos que expresan los problemas cotidianos del mundo del trabajo”.
Mujeres y la defensa de derechos de la clase trabajadora
Si en 2018 la pregunta era si la marea feminista había llegado a los sindicatos, “hoy podemos pensar que no solo hay un intercambio de experiencias que van del sindicalismo al feminismo y del feminismo al sindicalismo, sino que internamente hay algunos elementos de esa agenda, que parecía que caminaba por sendas paralelas, que hoy permea los núcleos más tradicionales del sindicalismo”, asegura la investigadora. Añade que “incorporar la política por el cuidado, por otros liderazgos u otras formas de hacer sindicalismo cotidianamente, también interpela a muchos varones que necesariamente no se sentían incorporados por la agenda de las mujeres sindicalistas”.
Remarca Rodríguez que “en un contexto de avanzada sobre los derechos colectivos y de reformas que buscan debilitar la organización sindical, estos debates y las acciones que promueven la participación y la presencia de mujeres y diversidades en los lugares de representatividad, de toma de decisiones, es también una forma de defender los derechos logrados por el conjunto del Movimiento Obrero”.
La investigadora advirtió además que esa defensa no debe dividirse ni escindirse bajo el argumento de las prioridades del momento, ya que la desigualdad que atraviesa a mujeres y diversidades también constituye una forma de fragmentar a la clase trabajadora. “Mujeres y diversidades, toda vez que impulsan la lucha por la defensa de derechos del Movimiento Obrero, lo hacen para el conjunto de la clase trabajadora”, concluyó.